Libro de Bodas de Arnarath y Solaris

Este documento es un manuscrito que relata la unión de Arnarath'Naku y Solaris Astra en los tiempos del círculo. El libro fue custodiado por el clan del Halcón Esmeralda hasta su desaparición el 51DA durante Klérix 1-1 Preludio.


Prefacio de Sargas Bloodline

Loada sea la omnisciente consciencia del universo. Desde sus recónditas profundidades ha respondido a mis rezos y los de mis compañeros, portando el destino, la fortuna y la providencia a nuestra devastada tierra de Ha-Taik. Y la gracia del conocimiento primigenio ha emergido del amor entre Solaris Astra y Arnarath'Naku, quienes centurias atrás fueron los primeros afiliados a los magos del círculo. Sí, aun recuerdo aquellos tiempos pasados del esplendor de nuestro círculo de magos, cuando los conocí por primera vez, siendo él un inquieto, temperamental y talentoso paladín del dios Térion, y ella una joven elfa, heredera de un prospero linaje y del conocimiento de los druidas. Los años y la experiencia los ha convertido en poderosos y perseverantes combatientes en la prolongada contienda contra el caos y la entropía, y ha tallado en su ser la éfigie de los más equitativos e ilustrados monarcas.

La nueva de su compromiso fue acogida favorablemente por el resto de integrantes del círculo, quienes se han mostrado afanados y colaboradores en los preparativos para tan menesterosa unión. He de confesar que la noticia representa para mí el más rutilante haz de esperanza tras toda una vida dedicada a la búsqueda del equilibrio y a sofocar la oscuridad, pues el próximo matrimonio representa mucho más que la consumación de la devoción entre ambos contrayentes: significa el fortalecimiento de nuestro círculo de magos, la alianza entre los seguidores de Solaris y Arnarath, y un ejemplo de unión y fraternidad para las razas libres de nuestra tierra. Estos sucesos que se han acontecido recientemente aludieron a mi memoria el arcaico relato: Des del amanecer de los tiempos, el sol y la luna sienten una pasión recíproca, tan intensa que de ella emana la sagrada luz. Sin embargo, su romance ha estado truncado durante eones por la insalvable distancia de pertenecer a reinos distintos. Pero en ocasiones, el sino es caprichoso, y por ello, tras el paso de incontables generaciones, su voluntad disipa tal infortunio para que los astros se encuentren en un mismo cielo, en el que luz y oscuridad se armonizan con sutileza. Tan sólo ansío fervientemente que la unión entre Solaris y Arnarath perdure largo tiempo en la posteridad, pues el acontecimiento supondrá el preludio de una nueva era para nuestro mundo, una era de unificación, de cooperación… una era de libertad.

Loada sea la omnisciente consciencia del universo, y bienaventurados sean los artífices de su voluntad.


Sargas Bloodline, Azote de la sangre.

Juramento de Solaris Astra

Amada mía, no podría imaginar una luz mejor bajo la que escribir estas líneas que la que irradia tu sonrisa. ¿Qué más podría pedir un hombre como yo, que pasar la eternidad junto a su bella amada? Este es el sueño que compartimos... El que queremos cuidar a través de los años... El que hablará por nosotros, más que toda palabra... El que nos reencontrará a través de cualquier distancia... Este es el sueño que compartimos, y se llama Amor. Por encima de toda guerra, por encima de todo conflicto e incluso por encima de la voluntad de los dioses.

¿Qué nos depara el futuro, amada mía? ¿Qué es lo que el destino tiene preparado para nosotros? ¿Tal vez nos traiga desgracias? ¿Tal vez alegrías? La vida es una mezcla agridulce donde se cruzan los opuestos: el bien y el mal, el amor y el odio, la guerra y la paz. Y, sea lo que sea lo que el destino prepara para ambos, pienso vivirlo a tu lado.

Ha pasado más de un siglo desde que vi tus ojos por primera vez. Pero, en las soleadas praderas, aun soy capaz de vislumbrar las ricas sedas que decoraban tu vestido, la mirada amable y sabia de tus ojos verdes, el gesto resuelto y recatado con el que caminabas y el dulce efluvio de tu cabellera verde como el manto del bosque. Recuerdo los rutilantes destellos reflejados en tus ojos de la piedra de la Ascensión y las palabras de Sargas: “Esta es Arnarath, hija de Harlin'Naku, druida y maga crepuscular”. También recuerdo el suave tacto de tus manos con mis labios, la radiante sonrisa que me dedicaste y el melodioso “Encantada” que surgió de tus labios. Ah, Sargas, viejo amigo... de todos los regalos que me diste: poder, inmortalidad, sabiduría… sin duda, el más preciado, fue conocer a la que, ahora, se convertirá en la mujer que llene mis días.

Y es por ello, sabio Sargas, que mi gratitud será eterna contigo; y no solo contigo, sino también con el resto de compañeros que han visto crecer nuestro amor. A mi pequeña e inocente hermana Luna, a la impetuosa y valiente Galveila, a la poderosa y tenaz Sandra, al misterioso Kaín, a la delicada pero poderosa Aurea, al bonachón y risueño Rock, a la dulce y bondadosa Judith, al reservado Gulldan y, cómo no, al joven y temperamental Leon. Sin todos vosotros, es posible que este enlace jamás se hubiera llevado a cabo, por ello deseo daros las gracias a todos, amigos.

Pero en especial, quiero darte las gracias a ti, amada mía, luz en mi camino, guía en el viaje, agua de mis fuentes. Bella y poderosa Arnarath, juro que este amor que siento por ti perdurará hasta el fin de mis días, que te protegeré sin descanso y que te amaré por encima de las dificultades. Juro que me enfrontaré a dioses y al destino, que haré frente a todos los enemigos que osen separarnos. Juro, amada mía, que estaremos juntos por siempre jamás.


Solaris Astra, Martillo de Térion

Juramento de Arnarath del clan Naku

Mi apuesto y valiente paladín, han pasado más de treintaisiete mil noches desde que te conocí. Treintaisiete mil noches de adoración sincera, treintaisiete mil noches de respeto y confianza, treintaisiete mil noches en las cuales se ha incubado, como la paciente águila incuba sus huevos, un amor verdadero y único, que perdurará para siempre jamás.

Y es que, sin lugar a dudas, de entre todas las elfas que alguna vez se han enamorado de un impetuoso humano, sé que soy una de las más afortunadas, pues nuestro amor no se verá truncado por el ardiente paso del tiempo, si no que perdurará por los siglos de los siglos, hasta que el destino sea quien decida que ha llegado la hora de separarnos. Sabiendo pues, que no será el tiempo el que nos separe, sino la providencia y la muerte; una no puede evitar sonreír y pensar que no debe preocuparse por un futuro que ya está escrito y que no se puede cambiar. Y es que, muchas veces, los seres, aun siendo inmortales, vivimos bajo la tenebrosa sombra de la guadaña; esperando que cada nuevo paso sea tras el que nos espere la oscura parca. Pues yo digo que esta no es una verdadera forma de vivir, no podemos dar cada paso pensando que la muerte nos espera tras el siguiente, pensando que nuestro tiempo se acaba y que sucumbiremos sin apenas haber vivido. Yo digo, que hay que vivir cada segundo con alegría, mirando a la muerte a la cara, aceptándola, avanzando cada paso sin importar qué nos espera en el siguiente. Encontrar el amor y compartir con él cada uno de nuestros segundos, caminar a su lado, avanzar juntos y ser felices hasta que sea el destino el que decida separarnos.

Solaris, sol de mis noches, agua en mi desierto; por ti desafiaría mis más oscuros temores. A tu lado, no hay nada de lo que temer, el miedo se desvanece y las dudas se convierten en polvo. Fue el destino el que decidió unirnos y, hasta que el mismo destino decida separarnos, permaneceré a tu lado, te amaré y te honraré como si cada día fuera a ser el último; disfrutando de cada sonrisa, gesto o ademán; exprimiendo hasta el límite cada segundo que pasemos juntos, queriéndonos hasta que no quede de nosotros más que los cuerpos de dos ingenuos enamorados encaramados en la cima de la montaña más alta del más profundo y auténtico de los sentimientos.

Junto a ti, mi amor, fundaré una tierra de paz y de harmonía. Una tierra donde elfos y humanos vivan en comunión, donde los males se afronten juntos y donde reinen la concordia y la cooperación. Somos nosotros, El Combinado, el que debe dar ejemplo al resto de las razas, extendiendo la idea única de la paz y del compromiso por la misma. Junto a ti, amado mío, fundaremos el Imperio del Sol, un lugar donde crecer junto a nuestros hijos, donde morar hasta el fin de nuestros días y donde vivir el sueño viviente que es tenerte a mi lado.


Arnarath'Naku, Corazón de Plata

Juramento del Sirviente del Pacto

Me siento henchido de honor y gozo al haber sido escogido para presenciar tan distinguido enlace entre los monarcas de la nación más poderosa de Ha-Taik, el sagrado Imperio del Sol, mis amos y señores, a quienes respetare y defenderé con presteza y determinación ante cualquier amenaza. Juro ser el perpetuo guardés del lugar donde los amantes consumen su unión y la alianza de sus reinos, pues mi alma velará por la santidad de estas tierras incluso cuando mi vida se escape en mi último estertor, y mi cuerpo se corrompa por los siglos y la tierra. Que los dioses atestigüen mis palabras, y me castiguen si fracaso.

Por la gloria y la magnificencia de Solaris, Ararath y los Magos del Círculo.

Relato del Sirviente del Pacto

La boda se celebró cumpliendo con todas las expectativas previstas. Fue un acontecimiento altamente emotivo, que quedaría registrado en los anales de la historia: dos naciones aliadas por el amor de sus monarcas.

A pesar de que la ceremonia dio comienzo al medio día, un servidor y demás fámulos de ambas casas reales nos reunimos en el templo desde el amanecer: convenía aderezar el lugar convenientemente para un evento de tan alto prestigio; se trataba de una pequeña y modesta ermita, alzada des de tiempos inmemoriales en la cima de un monte colindante a las fronteras de Arnarath. Humanos y elfos cooperamos durante toda la mañana, limpiando la hiedra y el musgo del altar y sus seis columnas circundantes, decorando los pilares con guirnaldas de coloridas y fragantes flores, podando la maleza que dificultaba el acceso y barriendo la hojarasca caída en el camino. Era sorprendente cómo en unas horas se recuperó la belleza que los siglos y el bosque arrebataron a aquel monumento.

Cuando el sol se aproximaba al cenit, el sacerdote que oficiaría el enlace y los convidados aparecieron por el camino de la ermita. No es de extrañar que, en el enlace entre dos soberanos, sólo hubiera cabida para la corte de ambas partes: Cancilleres, sabios, generales, exarcas, obispos, hierofantes y el resto de magos del círculo se agolpaban en derredor del altar, pero no separados bajo el estandarte de sus respectivas patrias, sino en una alegre algarabía de heterogeneidad racial, un cúmulo sin distinciones que hablaba desinhibidamente de cómo le alegraba el enlace.

Repentinamente se hizo el silencio entre los asistentes, pues una poderosa y estridente tonado de cuernos y trompas anunció la llegada del novio. El emperador Solaris Astra llegaba a pie por el camino, acompañado de su hermana, Lunaris, también maga del círculo, quien lo sujetaba del brazo, y por otras dos doncellas que alzaban su larga capa de terciopelo granate para evitar que se empolvara. Aunque algo desvencijada por las cruentas batallas de aquellos tiempos en que actuaba en calidad de paladín, la robusta armadura de acero, con el martillo de Térion grabado en ribetes de oro, deslumbraba bajo la claridad del sol. La muchedumbre le abrió paso al altar al tiempo que le ofrecían su más cordial reverencia de pleitesía, mientras él les sonreía feliz y humildemente. Antes de reunirse con el resto de magos, Lunaris abrazó a su hermano, y le susurró al oído lo feliz que la hacía su matrimonio. Tras un breve lapso, un elfo emprendió una dulce melodía con su flauta, acompañada por el trino de los pájaros que descansaban en la arboleda donde se celebraba la unión. Entonces, llegó la esperada prometida, La bella Arnarath’Naku, cuya verde y lacia cabellera fue coronada con el velo y flores blancas y amarillas, y ataviada en sedas blancas que estilizaban aun más su esbelta figura. Fue custodiada por su altivo hermano, Borleas’Naku, general de las tropas élficas, quien la dejó en el altar tras besarla en la mano como símbolo de concordia, y estrechar la mano del emperador, mientras le pedía sonriente que la cuidara.

La ceremonia se prolongó durante dos horas aproximadamente en aquel apacible claro del bosque, en una jornada soleada pero de temperatura moderada. Durante esas dos horas, atendí bajo la volátil sombra de un pino cercano al altar, desde donde el sacerdote indicaba los rezos y cánticos por medio de un antiquísimo infolio de sabiduría teológica, en el cual registraría después éste mismo testimonio y mi juramento como eterno guardés del emplazamiento. Tras compartir el agua pura contenida en un cáliz de plata con rubíes engarzados, el padre me dirigió un ademán. En respuesta, descolgué de mi cinto un diminuto saco, que contenía las reliquias que cerrarían el matrimonio de mis señores. En primer término le alcance a mi amo un colgante, compuesto por una fina correa de diminutos eslabones de nácar, de la que colgaba un transparente cristal de perfecta forma esférica, un impoluto vidrio tan bien pulimentado que parecía desprender luz propia. Al tenerlo entre sus manos, Solaris pronunció las siguientes palabras:

-Te hago entrega, amada mía, de la Luz de Marä, uno de los más preciados tesoros de mi familia y nuestro reino, el cual se torna fútil e irrisorio frente a la luz de tus ojos y la pureza de tu alma – y el collar pendió del suave cuello de la reina.

Acto seguido, aproximé a mi señora un broche de Orihalcón en forma de hoja, excelentemente bruñido, un trabajo digno de la inabarcable fama de los orfebres élficos. Mientras lo abrochaba en la capa de su amado, junto con el resto de sus condecoraciones, ella pronunció con solemnidad:

-La Hoja Blanca ha sido des de muchas generaciones pasadas la simbología de la alianza de los elfos con la naturaleza. Guárdala, querido, pues ahora significa también nuestra eterna unión, y la devoción imperecedera que siento por ti.

Habiéndose intercambiado los tesoros, el mosén los declaró oficialmente casados por la gracia de los dioses, y dio permiso para que se besaran. El emperador Solaris retiro el velo que cubría el rostro de su esposa, y se fundieron en un tierno abrazo, mientras se besaban apasionadamente. Hubo un corto inciso en el que realicé mi juramento ante mis reyes y el clérigo, y después, los invitados aplaudieron clamorosamente.

Mientras se sucedían las felicitaciones, dos pajes partieron al galope de sus corceles en direcciones opuestas. Se dirigían a las capitales de Arnarath y Solaris para comunicar al pópulo el éxito de la boda. Si la premura les acompañaba, tal vez estarían de vuelta para el banquete...




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