El primer contacto – 2008

No ocurrió de repente. Empezó con un cosquilleo, una necesidad imperiosa de detenerte, de dejar lo que estuvieras haciendo y mirar al cielo. No fue una orden, no te obligaron, era una necesidad.

En todo el globo, la gente se detuvo y bajó de sus vehículos. Los ciudadanos dejaron sus herramientas y subieron al tejado, salieron a la calle, o se asomaron a las ventanas. Allí estaban. Más de un millar de pequeñas naves de un plateado casi blanco descendían lentamente del cielo, aquí y allá del globo. No estábamos solos.

No eres capaz de poner por escrito lo que escuchaste, al menos no palabra por palabra. Todo el mundo lo sintió, independientemente de su idioma o cultura, todos lo supieron. Los visitantes habían venido con un mensaje.

“Uníos a nosotros.”

El Cónclave es una unión de razas, no sabéis mucho más de ellos. Ni siquiera sabes cuántas razas lo componen. Vinieron con regalos y agasajos y os informaron de que la humanidad había madurado lo suficiente para ocupar una silla en el Cónclave, pero había condiciones.

“La guerras deben terminar.”

Es fácil de decir cuando no eres humano, pero las rencillas debían terminarse o no habría un lugar para nosotros. Supones que hay muchas maneras de alcanzar este fin, tal vez se pueda llegar a un acuerdo, tal vez el armisticio… o tal vez el más fuerte deba imponerse.

“Enviaréis un único emisario, vuestro representante y embajador.”

¿Debería la ONU elegir dicho representante? Pero la ONU no es todo lo justa que debería ser…

“Construiréis las torres, son necesarias para la integración de vuestro mundo al Cónclave.”

Los planos de dieciséis estructuras nos fueron entregados. Nadie sabe para qué sirven o qué acogerán. ¿Serán realmente necesarias o sólo una prueba más? ¿Construiremos nuestro propio caballo de Troya?

“Este planeta tiene un papel de cumplir en el plan maestro. El Cónclave desearía que la humanidad compartiera nuestros objetivos. Pero el plan se cumplirá, con o sin vosotros.”